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Full text of "In memoriam: bernardina Fragoso de Rivera: Diciembre 31 de 1863"

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THE latín AMERIO^N COLLECTION 
THE UNIVERSITY OF TEXAS LIBRAHY 







THE SIMÓN LUCUIX 
HIO DE LA PLATA LtBRARY 

Fufchüsed 

1963 

CT 

74? 




THE UNIVERSITY OF TEXAS AT AUSTIN 

UNIVERSITY OF TEXAS LIBRARIES 



DUE 



RETURNED 



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BernarÉa Frasoso de Bima 



POR 



ISIDORO DE -MARÍA 



MONTEVIDEO 



Imf. "El Siglo Ilustrado", de Turenne, Varzi y Qa. 
1895 



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THE latín AMERICAN COLLECTION 

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XKE UNIVEBSITTÍ OF TEXAS LJBHAHY 



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IN MEMORIAM 



BKRKÁRÜIKÁ FRAGOSO DE RIVERA 

V 31 DE DICIEMBRE DE 1 863 



La respetable dama que llevó este nombre en 
nuestra sociedad^ esposa del Brigadier General don 
Fructuoso Ri%'eraj era oriental de nacimiento y co- 
razón, digna por sus virtudes y merecimientos^ de 
todo aprecio y consideración. 

Nacida en la villa de San José á principio ^^ f im^^j^ \ 
este siglo (1800), falleció en esta Capital el 31' "^7^, i 
<le Diciembre de 1863^ cuyo triste aniversario re- 
memoramos hoy, con el mismo sentimiento que 
nos produjo en aquel día su sensible pérdida. 

Fueron sus padres don Pedro Fragoso y doña Nar- 
cisa LaredOj de modesta posición social, pero notoria- 
mente honrados. La señora Laredo era hermana carnal 




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THE LATIK AMlBlCXN COU.ECTION 
THE UNIVEBSITY OF TEXAS LIBRARV 



— G — 

de dofu Paula La re do, madre del General don Ser- 
vando Gómez. 

El año 15 vino su familia d residir á esta ciudad, 
donde contrajo íntima relación con la de don Juan 
León de ías Casas, que la protegiera^ y cuya .sin- 
cera annistad conservaron inalterable toda su vida. 

La señora Bernardina Fragoso tomó estado, á 
principios del año 16, con don Fructuoso Rivera, á 
Ja sazón Comandante General de Armas de la Plaza 
de Montevideo, nombrado por el General Artigas. 
Con ese motivo, la señora Fragoso de Rivera cul- 
tivó las mejores relaciones sociales, siendo estimada 
por su carácter bondadoso y la sencillez de su trato. 

Destinado en Julio de ese año, don Fructuoso 
Rivera, por disposición de Artigas, al Departamento 
de Maldouíido, con la fuerza de su comando, en ob- 
servación de las tropas portuguesas que amenaza- 
ban invadir el país por la frontera de Santa Teresa , 
quedó su señora esposa en Montevideo, en la situa- 
ción precaria de todos los patriotas de aquella época 
de prueba y sacrificios. Para subvenir a su subsis 
tencia, trato su consorte de que se le atendiese con 
la mitad de la asignación que antes tenía, y en 
cuya virtud el Gobierno del Delegado Barreiro im- 
partió la siguiente orden al Comisario General para 
que incluyese en los ajustes del mes de Agosto y 
siguientes á don Fructuoso Rivera, con la mirad de 
su asignación que antes tenía, y de la cual se re- 
cibiese su señora. 

He aquí el tenor de la orden expedida: 



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« Incluya usted en los ajustes de este mes, y en 
« ios siguientes, á don Fructuoso Rivera, con la mi- 
« tad de la asignación que antes tenía, y de la cual 
« se recibirá su señora. 

«Montevideo, Agosto $i de 1816. 

«MIGUEL BARREIRO.» 
«Al Comisario General don Jacinto Figueroa.» 



« Mesa de Guerra de la Provikcia. 

«Montevideo, Agosto 31 de 1816. 
«Queda tomada razón. 

« Figueroa. » 



Invadido el país por los portugueses, vino la 
guerra, tocándole á Rivera el honor de disputarles 
el paso en el Departamento de Maldonado, hasta 
el contraste de India Muerta. Ese revés de la for- 
tuna, trajo al enemigo triunfante, si bien siempre 
hostilizado por los patriotas al mando de Rivera, 
hasta las cercanías de la plaza de Montevideo, re- 



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^^ latín AMERICAN COLiíXrnON 
1HB HNIVXBSITX pF TEXAS LIBHABY 



solviendo, en consecuencia, evacuarlo el Delegado, 
retirándose á la campaña el i8 de Enero del año 17, 
y ocupando esta ciudad el 20 las armas portuguesas. 

La señora Fragoso de Rivera, que hasta enton- 
ces había permanecido con los patriotas en Monte- 
video, abandonó todo, como una de tantas, siguiendo 
las huellas del Delegado, que marchó á Santa Lu- 
cía á incorporarse con Rivera, para continuar la 
resistencia en campaña al extranjero invasor. La 
noble y decidida patricia marchó á seguir la suerte 
de su digno esposo y de los patriotas que militaban 
bajo las banderas de Artigas, que se resistían á ren- 
dir vasallaje al conquistador. 

Compartiendo con ellos las privaciones, las pe- 
nurias y los riesgos de la lucha, la señora Fragoso 
de Rivera, como otras patricias de su temple, alen- 
taba á los defensores del patrio suelo, haciendo el 
bien que estaba en sus alcances, con la mejor vo- 
luntad y generoso desprendimiento. 

El año 18 se hallaba en Canelones, donde corrió 
el riesgo de caer prisionera del enemigo. En esa 
fecha entraba con su división el General Pintos á 
ese punto, aprisionando á la esposa del Capitán don 
José Llupes; y hubo de correr la misma suerte 
la señora Fragoso de Rivera, escapando felizmente 
de ser tomada, gracias á su presencia de ánimo, «y 
al correr de las muías de su coche», como re- 
fiere el General Rivera en su Memoria. 

Pintos había sido mandado por el General Lecor 
con su división, por agua, á la Colonia. Llegó al 



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Colla, y de allí siguió á San José, donde aprehendió 
á las esposas de los Capitanes don Julián Laguna, 
don Juan J. Toribio, don Lorenzo Medina y del 
vecino don Antonio Ramírez, á las cuales condujo 
á Montevideo. «En esa jornada, el General Pintos, 
{ diremos por incidencia), « no presentó otros trofeos 
« al Barón de la Laguna, que las ilustres prisione- 
« ras, que fueron conducidas en un carretón tirado 
« por bueyes, de donde las sacaron para encerrarlas 
« en el Castillo de la Ciudadela.» (Memoria del 
General Rivera). 

En la fortuna, como en la adversidad de aquellos 
tiempos, la señora Fragoso de Rivera se mostró 
siempre buena, desprendida, sensible al infortunio 
ajeno, y amante del bien de su tierra natal; cuali- 
dades recomendables y reconocidas que la distin- 
guieron siempre en su larga vida, lo mismo en su 
alto rango social, sonriéndole la fortuna, que en los 
reveses de la suerte, en medio de las vicisitudes 
políticas, en que, por su posición, se vio envuelta 
tantas veces, sufriendo penas y amarguras. Era todo 
corazón. Atesoraba virtudes. 



II 



Busquémosla en la época de la llamada Guerra 
Grandcy en la Defensa de Montevideo^ donde su ci- 
vismo y filantropía se destacan en el bello cuadro 



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latín AlvlEHlCAN COLLECnON 



— 10 — 

del patriotismo, de la abnegación y de la benefi- 
cencia que enaltece á la mujer oriental, tan rica en 
sentimientos caritativos y patrióticos. 

Era el principio del memorable sitio de Monte- 
video, en el año 43. Aún no hacían dos meses que 
el ejército enemigo había plantado sus reales en el 
Cerrito, empezando el asedio de esta ciudad. Todo 
se preparaba á la resistencia. Las armas daban co- 
mienzo al sacrificio doloroso de vidas, y á produ- 
cir heridos que reclamaban asilo y asistencia. En 
esa humanitaria y patriótica obra, la mujer compa- 
siva, á la vez que patriota, tenía señalado su puesto, 
y lo tomó abnegada por invitación de la señora 
Bernardina Fragoso de Rivera. 

Ni Crui RojUy ni Hermanas profesas de Caridad, 
teníamos en ese tiempo. 

El Comandante General de Armas, don José Ma- 
ría Paz, invocando el interés que le inspiraban sus 
compañeros de armas, heridos en defensa de la pa- 
tria, invitó á la señora Fragoso de Rivera á excitar 
el celo de las damas orientales, á fin de propor- 
cionar á aquéllos los auxilios á que los hacían acree- 
dores su patriotismo y su valor. 

Acogiendo idea tan laudable, con positivo y 
ardiente interés, la señora Bernardina se apresuró 
á ponerla en práctica, invitando á su casa á varias 
dignísimas damas, para dar forma al pensamiento, 
que coronó el éxito más satisfactorio y curñplido. 

El acta que vamos á transcribir, en honra mere- 
cida de su digna iniciadora, y de sus no menos 



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^ 11 — 

dignas cooperantes, fundadoras todas de h primera 
Sociedad Filantrópica de Damas Orieniaíes establecida 
en MontevideOj de honrosísinio recuerdo, será el 
testimonio más elocuente de su méritOj y el ho- 
menaje mds justo á su memoria. 

a ACTA 



(t En la ciudad de Montevideo á veintitrés de 
Marzo de mil ochocientos cuarenta y tres, hallán- 
dose reunidas en la sala de la señora doña Bernar- 
din^i Fragoso de Rivera^ y por invitación expresa 
de esta misma señora, la señora doña María Jo- 
sefa Álamo de Suárez^ doña Josefa Líimas de Váz* 
quez, doña Cipriana Herrera de Muñoz, doña Ma- 
tilde DarLin, doña Dolores Vidal de Pcreira, doña 
Teresa Conde de Pérez, doña María Antonia Ágelí 
de Hocquard, doña Isabel Navia de Riicker, doña 
María Quevedo de Lafone, doña Josefa Areta de 
Cavaillón, doña Ramona Luna de Correa, doña 
Belén Sil vera de Este vez, dona Manuela Belauste- 
gui de Bustamante, doña Petrona Reboledo de Bu- 
jareo y doña Joaquina Navia de Tomkinson, la 
.señora doña Bernardina de Rivera les hizo pre- 
sente una carta del señor General de las Armas 
de esta C;>pital, en que, manifestando el vivo inte- 
rés que le inspiraban sus compañeros de armas he- 
ridos en defensa de la Patria, le rogaba excitase el 
celó de las damas orientales, á fin de proporcio- 
mt á aquéllos todos los auxilios á que los hacían 



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— 12 — 

acreedores su patriotismo y su valor. Anadió la 
señora doña Bernardina de Rivera : que conside- 
rando esta invitación eminentemente patriótica, no 
había trepidado un momento en ofrecer al señor 
General su más decidida cooperación y la de las 
señoras orientales, sus dignas compatriotas, para un 
objeto tan noble. Que su pensamiento era, que se 
erigiese una Sociedad de Damas Orientales, cuyo 
objeto fuese ahora, y sin perjuicio de los que en 
adelante pueda abrazar, el establecimiento de un 
Hospital, costeado á sus propias expensas, y con 
los recursos que la Sociedad pueda proporcionarse, 
en que se asistan y curen los individuos del Ejér- 
cito que fuesen heridos ó se enfermasen de cual- 
quiera dolencia, mientras se hallen en servicio. Las 
señoras todas aceptaron con entusiasmo el pensa- 
miento y prometieron su más decidida coopera- 
ción. Acordaron la denominación de « Sociedad Fi- 
lantrópica de Damas Orientales », y que para dar 
principio al plan que se proponían, cada una de 
las que estaban presentes se subscribía por ahora 
con la cantidad de lOO patacones. Nombraron para 
Presidenta de la Sociedad á la señora doña Ber- 
nardina Fragoso de Rivera ; para Tesorera á la se- 
ñora doña María Antonia Agell de Hocquard, y 
para Secretaria á la señora doña Josefa Lamas de 
Vázquez, encargando á estas mismas señoras la re- 
dacción del proyecto de Reglamento para la So- 
ciedad, y que la presente Acta se eleve al conoci- 
miento del Superior Gobierno, pidiendo se digne 



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— 13 — 

aprobar el establecimiento de la expresada Socie- 
dad. 

(^Bernardina Fragoso de Rivera — María 
Josefa A. de Suáreí — Josefa Lamas 
de Falque:^ — María Antonia A. de 
Hocquard —Matilde Duran — Cipriana 
Herrera de Muño^ — Maria Quevedo 
de Lafone— 'Teresa Conde de Pére:^^-' 
Isabel Navia de Rücker— Josefa Areta 
de Cavaillán — Dolores Vidnl de Pe- 
reirá — Ramona Luna de Correa ^Be- 
lén Silvera de Esteve:¡^ — Manuela Be- 
laustegui de Bustamante ( i ) — Petrona 
Reboledo de Bujareo — Joaquina Navia 
de Tomkinson, » 

El Gobierno prestó su aprobación, con aplauso, 
á la creación de esta « Sociedad Filantrópica de Da- 
mas Orientales», la primera en su clase que se es- 
tablecía en Montevideo. Puso á su disposición lo- 
cal en la Casa Fuerte de Gobierno para el Hospi- 
tal, y en ^ocos días estuvo planteado con más de 
sesenta camas permanentes y todo lo necesario 
para el servicio del establecimiento. El 7 de Abril 
se recibían en él los primeros heridos, ascendiendo, 
en el primer año de su funcionamiento, á cuatro- 

( I ) Única sobreviviente, en la actualidad, de aquellas filan- 
trópicas damas. 



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— 14 — 

cientos seis los heridos y enfermos que tuvieron 
en él asistencia. 

Reglamentada la Sociedad, ingresaron nuevas so- 
cias, imponiéndose todas, gustosas, d pago de una 
cuota mensual de una onza de oro para el sostén 
del Hospital, independiente de los donativos en 
géneros y comestibles con que contribuían á su fi- 
lantrópica obra. La señora Fragoso de Rivera era 
la primera en dar el ejemplo y en prodigar sus 
cuidados al enfermo con amorosa solicitud. Su 
concurso personal, como el de sus consocias, no 
faltó nunca en aquel establecimiento para prodigar 
atenciones y consuelos á los que sufrían en el lecho 
del dolor,, con la bondad proverbial de la mujer 
sensible y compasiva, teniendo lágrimas y preces 
para los dolientes. 

No escatimaba sacrificio para hacer el bien en 
todas las esferas. Su mano caritativa llevaba el 
óbolo de la caridad evangélica á porción de infeli- 
ces familias emigradas de la campaña, que carecían 
de pan y de abrigo, cubriendo su desnudez y pro- 
veyendo á su alimento. Aquella buena señora, 
personificación de la beneficencia, era un ángel 
de consuelo y filantropía para aquellos desgracia- 
dos. 

Su propia casa prestaba albergue al infortunio, 
y sus puertas estaban abiertas siempre para la li- 
mosna al indigente, á la honradez vergonzante que 
á ellas llamaba, cualquiera fuese su sexo, con- 
trayendo empeños tantas veces, ó sacrificando. sus 



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— 15 — 

alhajas, para tener coa qué favorecer á la indigen- 
cia y contribuir á llenar las necesidades crecientes 
del Hospital, fundado y sostenido por la « Sociedad 
Filantrópica de Damas Orientales», que presidía dig- 
nisimamente. 

No se iniciaba suscripción patriótica, ni humani- 
taria, sin que el nombre de la señora Fragoso de 
Rivera dejase de figurar en la nómina de los con- 
tribuyentes. 

Para arbitrar recursos con qué atender al soste- 
nimiento del Hospital, inició y promovió los Ba- 
Toares de Beneficencia ^ en que el bello sexo, sin ex- 
cepción de nacionalidades ni clase social, rivalizando 
noblemente en sentimientos y actos de filantropía, 
respondía á la santidad del objeto. Sus delicadas 
manos producían, con solicitud amorosa y eficaz, 
• ricas y variadas labores destinadas á los Bazares de 
Caridad, con el mismo interés con que suminis- 
traba vendas é hilas para los heridos. ¡ Santa mi- 
sión de la mujer, en que ha descollado siempre la 
delicada mitad de la sociedad oriental ! 

Datan desde entonces los Bazares de Caridad y 
Beneficencia entre nosotros, en que tan señaladí- 
sima parte cupo á la mujer, y cuyo timbre la 
enaltece y dignifica, redundando en honor de su 
inolvidable promotora, y de la meritoria Asocia- 
ción de Damas que presidiera. 

Su nombre, con la aureola que le conquistaron 
sus méritos y virtudes, digno es de vivir querido 
y respetado en la memoria de los que la conocie- 



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— 16 — 

ron, y del recuerdo honroso y justiciero de la so- 
ciedad á que perteneció, como uno de sus más 
hermosos ornamentos. 

Mientras fué necesario, subsistió funcionando el 
Hospital fundado y sostenido por las damas filan- 
trópicas, en la época más calamitosa, en que el 
escorbuto y la fiebre tifoidea hacía víctimas y au- 
mentaba el número de enfermos que reclamaban 
asistencia, á la par de los heridos que caían en los 
combates. Vino después en su auxilio, la crea- 
ción del Hospital de Sangre de la 2/ Sección, es- 
tablecido en la Barraca de Pereira el 1 5 de Agosto, 
el del inmediato á la Plaza de Cagancha, el mejo- 
ramiento del Central y la formación de los de las 
Legiones, cesando la necesidad imperiosa del insti- 
tuido por la Sociedad de Damas Filantrópicas, que 
fué clausurado, dejando antecedente honroso y una 
menroria bendecida en dos años de existencia. 



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Historiemos otra época. 

La guerra de nueve años había terminado feliz- 
mente, con la paz de Octubre del 51, en este te- 
rritorio. La República estaba salva. La fraternidad 
en la familia oriental se había restablecido. Solo 
faltaba derribar, una vez por todas, la ominosa y 
sangrienta tiranía de Juan Manuel Rosas en Bue- 



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J^- 



— 17 ^ 

nos Aires, para complementar los levantados propó- 
sitos de la triple alianza sudamericana* Sus armas vic- 
toriosas, venciendo al tirano argentino en la memora- 
ble batalla de Caseros, pusieron término á ese estado de 
cosas en la opuesta orilla del Plata, abriendo risueños 
horizontes á la prosperidad y ventura de estos países. 

El glorioso Gobierno de la Defensa de Montem- 
deOy presidido por el señor don Joaquín Suárez, 
honorable y antiguo patriota, había cesado> por 
ministerio de la ley, el 15 de Febrero del 52, en- 
trando á ejercer las funciones anexas al Poder Eje- 
cutivo el Presidente del Senado don Bernardo. 
Berro, con arreglo á la Constitución del Estado. 
El I," de Marzo inmediato procedió la Asamblea 
á la elección constitucional de Presidente de la 
República, recayendo ésta en don Juan Francisco Giró, 
patricio antiguoj honrado y respetable ciudadano, 

En su Gobierno, el año jj^ desempeñando la 
cartera del Ministerio de Gobierno y Relaciones 
Exteriores el doctor don Florentino Castellinos, — 
aquel ciudadano honorable que pudo decir un día, 
con satisfacción, ante la Comisión Permanente del 
Cuerpo Legislativo, el año 57, estas palabras, que 
recordaremos por incidencia: «Pertenecí á un Go- 
« bierno que no costó al país una lágrima, ni una 
í< sola gota de sangre en mi Ministerio, en que no 
« hubo un solo expatriado, respetando los hombres 
«y las institnciones I» ( i ), — se creó por decreto 



(1) Sesión de l-i Comisión Pcrnianentej Septiembre át 18^7. 



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THE latín AMERiCAN COLLECTION 

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[F^UNlVERSrrY OF TEXAS LIBFABY 




— 18 — 

del 1-** de Abril del s 3 1* « Sociedad de Caridad y 
Beneficencia de Señoras n, llenando el vacfOj puede 
decirse^ dejado años antes por la benemérita « Aso* 
cíación Filantrópica de Damas Orientales», disuelta, 
y la señora doña Bernardina Fragoso de Rivera^ que h 
había presidí Jo, fué una de las nombradas pan 
componerla, may acreedora por sus antecedentes, 
á esa distinción ( i )^ 

En ese destino^ siempre abnegida, y á pesar de 
su situación precaria y de los sinsabores de otro 
orden que habían venido amargando su vida mo- 
raímente, la Caridad y la Beneficencia tenían en 
su noble corazón una ardorosa amiga. 



IV 



Considerada bajo otra faz^ veremos lacerado 
aquel bello corazón por los sufrimientos morales, 
sobrellevados con resignación ejemplar en los re* 
veses de la suerte, que enalteciera sus virtudes 
como esposa amante y centro cariñoso del hogar 
que representaba. 



( I ) Nómitia de las señoras nombradas pan componerla : 
Bernardina Fragoso de Rivera, María Aotoaia Agell de Hoc- 
qaard, Ana Stisviela de Alvares, María de los Angeles Cervantes 
de MagariñoSj Clara Erra^quin de Jackson, Cipriana Herrera de 
Muñoz ^ Gregoría B, de Olivera, Paula Fuentes de Pírcí y Dolo- 
res Vidal de Pereira, 



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^ 19 — 

Crítica y penosa era su situación. Durante la 
guerra, todos los bienes de fortuna del General Ri- 
vera^ su esposo, que poseía en campaña, habían 
desaparecido. En la ciudad no se le conocían otros 
que la propiedad de la casa que habitaba su fami- 
lia^ y esa había sido hipotecada para subvenir i 
sus necesidades j sin dejar de prodigar socorros al 
infortunio, enjugar muchas lágrimas y dulcificar 
muchos dolores por aquella mano caritativa. Sus 
joyas y su mejor mobiliario habían sido sacrificados 
por k necesidad* La expatriación del esposo, con- 
finado en la Fortaleza de Santa Cruz en Río Ja- 
neiro, donde contrajo una dolencia mortal, le im- 
puso inrmítos sacrificios para poder subvenir d sus 
necesidades en el ostracismo, i la vez que a tas 
de la familia, reducida d ingrato estado. 

En esa amarga situación, después de la caída de 
RosaSj recuperó su libertad el General Rivera, y es- 
tuvo expedito para retornar al suelo patrio. Pero los 
compromisos contraídos en Janeiro para su subsis- 
tencia, embarazaban su regreso. Así se deduce de 
su correspondencia íntima d su señora, en la si- 
guíeme carta : 

«t Mi amada Bernardina, 

«Río Jaaeiro, Julio 50 de 1852. 

a Recibí tu estimada carta de 20 del pasado, y por 
ella sé que estds mejorada de tu salud y que has 



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^xmAMBBiCAN caixÉcnoN 




— 20 — 

resuelto salir á vivir al Miguelete por las rabones 
que me indicas. 

«Yo, siento tener que decirte, que tendré que de- 
morarme algún tiempo, bien á mi pesaf, porque no 
puedo ni debo retirarme de esta corte, sino cuando 
haya pagado lo que debo. Con los 3,000 pesos 
que me mandastes, pagué los gastos de alimentos, 
casa en que vivo, etc., y como tú sabes que aquí 
es menester gastar, se sale de un compromiso y en 
el momento se toma otro; así es, que mientras 
tanto no consiga obtener mds recursos para en un 
día pagar lo que debo, iré limitándome al día» 
De consiguiente, no me será posible regresar ya al 
país de nuestro nacimiento. Así es, que el pensa- 
miento que te indiqué, y que según la carta de 
Santiago, él iba á verte al Miguelete para ponerse 
de acuerdo contigo para realizarlo, es el que puede 
desembarazarme en la situación. Yo creo que si las 
circunstancias lo favorecen, el Gobierno hará algo 
favorable en ese sentido. 

« Deseo que toda la familia esté buena, y que tú 
disfrutes igual beneficio, como te lo desea tu esposo 
que verte desea. 

a Fructuoso Rivera.Tü 

La señora no era ajena á la política ; depositaría 
siempre, por su cordura y amor, de las confianzas 
y sentimientos del esposo. En ese concepto, le diri- 



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_ 21 ™ 

gía el Generalj en Septiembre^ la carta que va á 
leerse : 



«Señora doña Bernardina F. de Rivera. 

«Rb, Septiembre ii de 1852, 



ct El General Paclieco s<::vá. el portador de la pre- 
sente, y él te instrniri del estado de mi salud y 
demás circunstancias. Espero que le prestarás aten- 
ción y procurarás que todos nuestros amigos con- 
vengan y cooperen con ¿I á restablecer nn^ per- 
fecta inteligencia en todos los hombres^ sin ninguna 
excepción, por el bien de la Patria. Ella necesita 
el sacrificio de todos sus hijos, y nadie tiene el derecho 
;i negarse cuando la salud de la Patria !o reclama, 
«El General Pacheco te indicará toda la pruden- 
cia que se necesita para no agriar los ánimos, y 
que nadie tenga derecho para quejarse de que no 
estamos en el buen camino. 

<íLos Orientales somos muy pocos, las luces han 
desaparecido con las fvrtuua^^ y sería una fatalidad 
si continuamos hostilizándonos^ á uno porque co- 
rrió y al otro porque se mantuvo firme. Es nece- 
sario que todos seamos bonitos por el camino de 
la paz, del orden y del progreso. Esas son las ideas 
favoritas de nuestro amigo, y no puedo creer que 
haya un solo Oriental, que tenga corazón, que no 
se preste á contribuir con ¿1 al engrandecimiento 
y dicha del país. 



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^ j ^^^i^-RS^Tir QF TEXAS UBRABY 



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<í Dame noticias de Servando : aquí se ha dicho que 
estaba enfermOp Si fuese asij no dejes de atenderlo^ 
y haz, si es posible, que Ferciin vaya A asistirlo, 
que creo no ha de negarse á la menor indicación, 

a Tu esposo. 

« Ffttcímso Rivera, s> 



Merced i los afanes y sacrificios de la señora 
Bernardina, pudo reunir algunos recursos más, que 
habilitarotí á su esposo, el General^ para cubrir sus 
débitos en Janeiio, y, aunque delicado de salud, se 
puso en viaje para Río GrandCj con el designio de 
regresar á su país. Su situación pecuniaria era su- 
mamente triste, d la vez que su salud iba en que- 
branto. Se hallaba en la ciudad de Yaguar ón, en 
Julio del 53, cuando se supo allí el conflicto acae- 
cido en Montevideo el i8, y, aunque convalesciente 
de graves dolencias, se trasladó al Paso de las Pie- 
dras del Yaguarón^ con el objeto de influir, en 
cuanto le fuese dado, en evitar la guerra civil que 
parecía an[ienazar «en circunstancias de oscilación, 
a como se manifestaban por aquel acontecimiento, 
(t poniéndose a disposición del Gobierno que presi- 
« día el señor Giró* » (i) 

La noticia de su desenlace tranquilizó su espí- 



(i ) Carta ctel General Hivera al Coronel Flores^ Ministro de 
la Guerra j datada el 19 de Agosto de r853 en el Paso délas 
Piedras del Yaguarón. 



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— 23 — 

ritu, pero las agitaciones que había sufrido su ánimo 
y las molestias de su marcha, reagravaron sus pa- 
decimientos, poniendo en serio peligro su vida, 
obligando á su amante esposa á encaminarse á su 
lado para prodigarle sus cuidados. El 26 de Agosto, 
ésta, en sus congojas, escribía al General Pacheco 
y Obes anunciándole el estado grave del General, 
é interesando su amistad para obtener del Gobierno 
algunos auxilios. Cumpliendo diligente ese encargo 
de la señora, dio los pasos consiguientes, en la 
forma que se verá por su carta del 3 de Septiem- 
bre, que vamos á transcribir, obteniéndose el auxi- 
lio de 500 pesos, acordados por el Gobierno del 
señor Giró, que fué aumentado particular y gene- 
rosamente por una colecta de amigos, promovida 
por Pacheco, obteniendo en ella 900 patacones, para 
atender á las urgencias del General y su familia. 

La expresiva carta del General Pacheco y Obes 
que damos á continuación, nos excusa de detalles: 

«Señora doña Bernardina de Rivera. 

íf Montevideo, Septiembre 3 de 1853. 

« Señora de mi respeto : 

« Contesto la favorecida de usted del 26 del 
próximo pasado. Difícilmente se hará usted una idea 
del sentimiento profundo que ha causado en Mon- 
tevideo el conocimiento de su contenido, que se 



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THE LATIH AMÍHKIÁN COLLECTION 
Oí 
,t»iv^R.^mf OF TEXAS LIBEARY 



-^ 24 — 

propagó instancane.^. mente. El peligro de la vida del 
General Rivera ha sido como im duelo público para 
todos los hombres que aman este país, y eso mues- 
tra que el instinto del pueblo no se engaña jamás 
sobre sus verdaderos intereses. 

«En cuanto á mí, sin embargo que desde el Ja- 
neiro estaba preparado á todo momento para reci- 
bir k noticia que usted me da, sin embargo que 
sabía cuánto es terrible la enfermedad del General, 
la lectura de la carta de usted me ha afectado pe- 
nosamentCj y mucho mas que á nadie, porque más 
que nadie comprendo cuáles serán los resultados 
de la pérdida del General Rivera, Yo sé lo que otros 
no saben; y es, que faltando el General Rivera, el 
Partido Colorado entraría en una triste anarquía, que 
daría el triunfo al adversario, después de una guerra 
civil que completase la ruina del país. 

« Personalmente quiero al General Rivera, y le he 
querido aún en circunstancias en que he estado en 
oposición con él. Viendo su vida amenazada, no sólo 
se han conmovido mis sentimientos de amistad, sino 
que además he visto aniquilados mis proyectos más 
queridos para el futuro de nuestra Patria^ pues es- 
toy resuelto (si tenemos tal desgracia) i dejar in- 
mediatamente el país, renunciando para siempre á 
toda intervención en su política. 

ce ¡ Quiera el Cielo que en el momento que es- 
cribo esta, el estado del General no justifique lo- 
que anunciaba la carta de usted y lo que me dicen 
mis tristes presentiaiientos ! , < . 



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— 25 — 

. « Si así no fuese, y Dios ha querido que usted su- 
fra el más terrible golpe, ¡ que sus lágrimas sean 
menos amargas con el pensamiento de que en ellas 
la acompaña la Patria ! y que los hombres como el 
General Rivera, cuando cesan en la vida, pasan á 
la inmortalidad. 

« Cumpliendo con el encargo de usted, vi al Mi- 
nistro de Hacienda, previniéndole que era mi in- 
tención hablar al mismo Presidente; pero Herrera 
se opuso á ello, queriendo hacerlo él mismo ; y en 
efecto, llevando el asunto al acuerdo, obtuvo 500 
pesos ; cantidad que, aunque es pequeña, no la había 
en Tesorería, estando el Gobierno muy mal de re-'' 
cursos. Entro en este detalle, porque deseo que usted 
sepa que Herrera ha demostrado toda la buena 
voluntad que podía desearse, y se ha expresado, res- 
pecto al General, como lo hacen todos los patriotas. 

« El Presidente había exigido una petición firmada 
por algún miembro de la familia. Envío á usted 
copia de la que se hizo, y que fué firmada por 
Labandera. Entretanto, como la suma obtenida del 
Gobierno era insignificante, para poderle enviar al- 
guna cosa y llenar al mismo tiempo los deseos de 
usted respecto á la familia aquí, convenimos algunos 
amigos del General el buscan más dinero, acudiendo 
á las personas que tienen medios y que son cono- 
cidamente afectas al General. Se obtuvo lo que 
usted encontrará en el detalle adjunto ( i ), donde 



( I ) Daba cuenta de 900 patacones reunidos y de la distribu 



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XHE LATDÍ AMEBICAN COLLECTION 



TlfíIYWWff^ 



— 26 — 

también se expresa la cantidad que lleva Gal linares 
y lo que se híi reservado para Pablito* 

íi También respecto á éste he cumplido los encar- 
gos de usted j ocultándole el estado del G enera L 
Anoche vino d verme muy aflijido por lo que había 
oido decir en el pueblo, pero volví á engañarle, sin 
lo cual hubiera sido imposible contenerle aquí, 

« Si cuando usted reciba esta^ tenemos la fortuna 
de conservar al General, quiera usted decirle, que 
no le escribo porque, si salva de ese terrible ataque, 
no debe ocuparse de política, ni de n.tda que pueda 
afeccario. Quiera decirle, que entre los muchos vo- 
tos que por so restablecimiento se han elevado al 
Cielo, los míos no han sido los menos ardientes ni 
los menos afectuosos, 

«Para este caso, también he empaquetado algunos 
dinrios que pueden servir d usted de distracción, si 
Dios quiere evitarle el golpe que tememos. 

«Si es asi, reciba usted ya mis felicitaciones- Sí el 
Cielo ha dispuesto otra cosa, quiera usted disponer 
de mí en un todo, considerándome como un amigo 
de usted, y como el hombre que más respetará el 
nombre de su ilustre esposo- 

a Es con estos sentimientos y los del más profundo 
respeto, que yo me repito de usted atento y seguro 
servidor Q. B. S* P, 

(í Melchor Pacheco y Obes. 



ción de esta cantidad. Entre los donantes figuraban don José 
María Este vez, don Fermín Fer reirá, don José Augusto Pozólo^ 
don B. Canstan y don Tomás Tonikinson. 



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— 21 — 

« P. D. — Si la carta de usted no nos hubiera mos- 
trado la situación del General casi desesperada, al 
recibirla me hubiera puesto en marcha para ese 
punto con algún facultativo. Esto mismo haré si 
tenemos esperanzas de que ese paso no será inútil. 
El portador puede regresar inmediatamente si usted 
quiere comunicarnos algo. Si usted quiere demo- 
rarlo, va enteramente á su disposición. — Fale.y> 

Por fortuna, declinó por entonces la enfermedad 
del General, -acentuándose tanto, al parecer, su mejo- 
ría, que su amante esposa regresó á Montevideo, al 
lado de la familia, que residía en el Arroyo Seco. 

En ese intervalo se produjeron en la Capital los 
lamentables sucesos de Septiembre, que ocasionaron 
el descenso violento de la Presidencia del señor 
Giró y la acefalía del Gobierno constitucional. En 
consecuencia, se nombró Gobierno provisorio, com- 
puesto de un triunvirato. El General Rivera fué 
nombrado uno de sus' miembros para componerlo, 
pero el estado todavía delicado de su salud no le 
permitió venir á ocupar su puesto en el Gobierno 
inmediatamente. 

Se le instaba que apresurase su venida. El Gene- 
ral Lavalleja, su antiguo compañero de glorias en 
Sarandí, miembro también del triunvirato que aca- 
baba de instalarse, envió cerca de su persona á su 
hijo Constantino, para que le significase sus dispo- 
siciones y sentimientos patrióticos y cordiales, inte- 
resándose en que activase su venida á la Capital. 



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Rivera, haciendo un esfuerzo supremo, se resol- 
vió d emprender marcha á este destino, desde el 
Departamento de Cerro-Largo, donde se hall¿iba. 

Venía en camino cuando, hallándose de este 
Jado del Arroyo de los Conventos, le sobrevino 
un ataque mortal que le postró completamente, 
prestándosele los primeros auxilios en casa del 
vecino don Bartolo Silva, donde quedó en asis- 
tencia. 

No tardó en llegar á Montevideo la triste y alar- 
mante nueva, tratándose en el momento, con la 
solicitud consiguiente, de los medios conducentes á 
ocurrir en su auxilio, siendo la primera en hacerla 
su amante y aflijlda espo,sa. Inmediatamente se dis- 
puso X ponerse en camino, con la amargura en el 
almaj ansiosa de llegar i tiempo A su lado, en pe- 
noso viaje, Pero todo fué en vano para salvar la 
vida al ilustre enfermo* La enfermedad era mortal. 
La luz de aquella existencia tan robusta antes, pero 
tan trabajada en los últimos años por los sufri- 
mientos físicos y morales, se extinguía por instan- 
tes, hasta que en la mañana del 13 de Enero de 1854 
expiró en brazos de sus amigos y fieles com- 
pañeros, entregando su alma al Creador, sin haber 
podido la amorosa compañera de su vida tener el 
triste consuelo de cerrar sus párpados al sueño eterno 
y estrechar sus manos en los postrimeros y dolo- 
rosos instantes de su vida querida. 

La Patria estaba de duelo. Con la muerte del 
General Rivera, en menos de tres meses, desapare- 



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I 



— 20 — 

cían de la tierra las dos altas figuras históricas del 
año 25: Lavalleja y Rivera ( i ). 

La hoticia de su fallecimiento llegó muy luego á 
Montevideo, por un expreso mandado por el Co- 
ronel Silveira, comunicándola oficialmente en estos 
términos : 

« Excmo. señor Comandante General de Campaña, 
don Venancio Flores, 

«Hoy, á las 6 y 10 minutos de la mañana, dejó 
de existir el señor Brigadier General, primer miem- 
bro del Gobierno de la República, don Fructuoso 
Rivera, bajo las órdenes inmediatas de quien me 
hallaba; y estando las fuerzas que tengo el honor 
de mandar, á la disposición del Gobierno, me dirijo á 
V. E. para que disponga de ellas, ordenándome lo 
que tenga que hacer á fin de llenar mi deber. 

«Conventos, 13 de Enero de 1854. 

« Erigido Siheira, » 

El Gobierno dispuso en el acto (15 de Enero) 
que marchase el Coronel don Manuel Freiré para 
que, poniéndose de acuerdo con la señora esposa 



( I ) El 22 de Octubre de 1853 había fallecido el General La- 
valleja, jefe de los Treinta y Tres patriotas y miembro del Go- 
bierno Provisorio. 



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Of 



..^ tTWlViasa^ Or TKJ^ LIBRABY 




— 30 — 

del finado General y el Coroiiel Labaodera, que se 
hallaban en viaje para Cotivencos, se embalsamase 
el caddverj y bien colocado en una caja de lata y 
otra de madera, se condujese en un carruaje á la 
Capital, sirviéndole de escolta la división del Coro- 
nel Silveira toda entera. 

El Coronel Silveira se había anticipada á los de- 
seos del GobicrnOj para embalsamar el cadáver y 
transportarlo á la Capital. Como fué posible, prac- 
ticaron la operación del embalsamamiento los fa- 
cultativos Maestre y Navarrete^ del Cerro-Largo, 
y fué enviado el féretro á esta Capital^ escoltado por 
cien hombres al mando del Coronel Manduca Ca- 
rabajiíL 

Venían en camino^ cuando los alcanzó en Cerro 
Colorado la señora esposa del finado Genera! con 
las personas que iban en su compañía, siguiendo en 
la comitiva hasta Montevideo, donde llegaron el 19 
de Enero, 

Como era consigutentej el Gobierno Provisorio 
dispuso sus exequias, decretándole los honores fú- 
nebres correspondientes á su jerarquía y á sus dila- 
tados y distinguidos servicios á la Patria. 

Fué sepultado en la Iglesia Matriz, en la nave 
lateral de la izquierda. Por decreto especial, se or- 
denó la construcción, á expensas del Tesoro pú- 
blico, del sepulcro que debía guardar sus restos 
mortales, grabándose en él su nombre, sus títulos y 
el día de su fallecimiento, con estas inscripciones: 



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— 31 — 

El Pueblo Oriental á su perpetuo defensor. 
Sirvió á la Patria^ ganó diferentes batallas, consagró toda 

su vida í la Patria y murió sin dejar fortuna. 
Desempeñó la primera Presidencia constitucional desde 

el año i8)o; la tercera, desde el ano i8)p. 

Mandó siempre en jefe los Ejércitos de la República 

y falleció siendo miembro del Gobierno Provisorio! 

¡ Ah! ¡Su noble y virtuosa viuda nunca pudo regar 
con lágrimas esa leyenda justiciera grabada en la 
losa funeraria del sepulcro que guarda los manes del 
que fué ! \ Ni las generaciones que se han sucedido, 
pudieron contemplarla ! ¡ Después de cuarenta años, 
aún está por cumplirse lo decretado 1 

Es de imaginarse cuánto no sufriría el corazón, 
transido de dolor, de su respetable viuda, con aquel 
golpe. En su duelo recibió los pésames más sen- 
tidos del Gobierno, de las personas más caracteri- 
zadas y distinguidas de nuestra sociedad y de cuantos 
rendían culto á sus virtudes. 

Sirvan de testimonio los siguientes: 

« Señora doña Bernardina Fragoso de Rivera. 
« Señora y compatriota : 

a El Gobierno de la República cumple hoy con el 
deber de presentar, por mi órgano, sus sinceras sim- 
patías, por el dolor profundo que os aflije. 

« La pérdida del Brigadier General don Fructuoso 



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THE latín A^IERICAN COI^LECTION 

Of 

T^ UIÍlVEBSrTY O? TEXAS LIBKARY 



— 32 — 

Riveraj no es solo ua suceso triste para vuestra 
casa; lo es también para la patria, que en ese ciu- 
dadano pierde la tradición viva de su nacionalidad 
y de sus glorias. 

«La vida del hombre es de sino frágil; todos 
conocemos la ley fatal que, en momentos más ó 
menos breves, convierte en vacio las realidades, y 
reduce á idea, que sólo se percibe al través del 
llantOj las existencias que hacían el contento de 
nuestras casas ó el orgullo de nuestro patriotismo. 
Mas ese conocimiento no basta para nuestro con- 
suelo, cuando la muerte nos arrebata algutia de las 
prendas queridas de nuestro corazón. Se necesita 
qoo la religión ó la historia se unan para decirnos: 
«ese d quien vos lamentáis^ vive feliz en el seno 
<cde Dios, ó vivirá absorbido para siempre en la 
«amante nacionalidad de su pueblo ». 

«Esta dicha de la desgracia, diré así, os ha cabido, 
señora, á vos* 

«El General Rivera será inmortal como hijo de 
esta tierra, y este gran consuelo debéis empezar ya 
á tenerlo, en el testimonio de dolor que os traigo 
á nombre del Gobierno de ¡a República, 

a Como guerrero y administrador, ese ilustre Ge- 
neral ha arrojado páginas imperecederas en la his* 
toria de nuestra patria; y el duelo público que ha 
causado su muerte (como vos lo presenciáis ) es la 
recompensa que á vos os ha tocado recoger por 
las nobles tareas de vuestro marido. Las Repúbli- 
cas, señora, no pueden dar otras de mayor valor. 



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A ;^^ ^ 



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— 33 — 

« Benigno por índole, liberal por principios, enér- 
gico y experimentado en la acción, su muerte ha 
acaecido en momentos en que la patria le necesi- 
taba como centro de autoridad y de cohesión mo- 
ral. 

a Vos, señora, lloráis á vuestro esposo ; inmensa 
razón tenéis para ello. 

« La patria, que por mi órgano os dice que llora 
con vos, no sabe todavía cuáles podrán ser todas 
las razones que podrá tener para lamentar, aún 
más que vos, tan triste suceso. 

«Me ha sido honroso, señora, servir de órgano 
oficial á los sentimientos que abrigo como hombre 
y como ciudadano, y al depositarlos en vuestro 
seno, sólo me resta deciros, que vuestro nombre, 
fiel compañero del de vuestro esposo, en tantos 
hechos distinguidos, será siempre un timbre de 
respeto y de adhesión para el Gobierno de la Re- 
pública, y en especial para mí, que me complazco 
en decirme — 

«Vuestro afmo. y sincero servidor Q.. B. V. P. 

« Juan José Aguiar. 
« Montevideo, Enero 20 de 1854. » 



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T;jIE latín ÁMEBICAJÍ ^ 

Of 
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— 34 — 

a Señora doña Bernardina de Rivera, 

« Bueaos Aires, Enero so de 1854. 
tt Señora de todo mi respeto : 

« Yo no vengo á poner á los pies de usted mis 
consuelos inútiles, ni pésames de urbanidad ; vengo, 
si, á tomar parte en el dolor que la agobia ; vengo 
á ponerme sin restricción á la disposición de usted. 

a La viuda del ilustre y glorioso General Rivera, 
debe enconirar en todos los orientales, amigos re- 
sueltos á servirla con respeto, con profunda adhe- 
sión- Sé estOj señora, y sin embargo me atrevo A 
decir A usted, que mi respeto y adhesión á la 
viuda del General Rivera no tiene iguales. Admiro 
más que nadie al héroe, y á nadie cedo en querer 
al hombre.,. De ello responde el dolor que hoy 
llena todo mi ser. 

tí El General está en la tumba, y para él, como 
para todos los grandes hombres, en ella empieza 
la justicia, y ofrece también ella d la amistad ver- 
dadera el crisol que ha de probarla. En la tumba, 
ya nada se espera del hombre. 

íí Por eso, mi señora doña Bernardina, puedo ha- 
cer hoy con mds desembarazo la oferta de mi po- 
bre amistad. Espero que usted la acogerá bonda- 
dosa, mientras el tiempo viene á probarle que su 
sinceridad iguala al culto consagrado por mi alma 
al General Rivera. 



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— 35 — 

« Mañana marcho á Montevideo á ponerme á las 
órdenes de usted. Quiera dármelas sin restricción. 

« ¡Adiós, señora ! ¡Él calme el dolor de usted y 
le conceda los consuelos que Él solo puede dar en 
dolores semejantes ! Estos son los votos que con 
el mayor respeto pone á los pies de usted — 

(i Melchor Pacheco y Obes. » 



a Señora doña Bernardina Fragoso de Rivera. 

« Señora de toda mi consideración y respeto: 

« Con toda la veracidad de mi más profundo sen- 
timiento acompaño á usted, mi estimada amiga y 
comadre, en el dolor acerbo que en estos momen- 
tos sufre el corazón de la viuda inconsolable del 
benemérito de la patria, General Rivera, por su 
pérdida irreparable. Nadie más que yo lo estimaba 
por sus honrosos antecedentes, su noble corazón y 
sus relevantes servicios á la patria, y nadie más 
que yo apreciará las virtudes ingénitas de la com- 
pañera de su vida, á cuyo justísimo duelo me aso- 
cio con el alma de un antiguo y consecuente 
amigo. 

« Sirva, señora, de lenitivo á su honda pena, 
la persuasión de que las lágrimas de la dolorida 
patria se mezclan á las de usted para llorarle, y 



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TmE LATÍN AMERICAK GOLLECTION 

Of 
THE UNIVEBSITY OF TEXAS LlBRABY 



^ 



— se- 
que la historia y la posteridad no han de ser tan 
ingratas que olviden la sagrada deuda de reconoci- 
miento y justicia que tienen los orientales, para 
con los que, como el General Rivera, consagraron 
su vida al servicio de su Independencia y libertad 
y á la ventura y engrandecimiento de la patria. 

« Con estos sentimientos y con los votos que hago 
porque Dios dé fortaleza á su alma para sobrelle- 
var con resignación cristiana el dolor que embarga 
su espíritu, me ofrezco en un todo á sus órdenes, 
suscribiéndome su atento y afmo. amigo Q.. S. P. B. 

« Joaquín Suáre:(^. 
« Arroyo Seco, Enero 20 de 1854. » 



El infortunio del hogar enlutado se hacía más 
sensible por la situación extremadamente precaria 
en que quedaba la viudez de la meritoria señora, 
cuyos bienes de fortuna tanto habían sufrido" en las 
largas calamidades del país y en los contrastes y 
penalidades de la vida. En vista de situación tan 
penosa, el Gobierno Provisorio, por decreto del 
24 de Enero, le acordó un crédito de 10,000 pe- 
sos, con la pensión correspondiente á su viudedad, 
como esposa del Brigadier General Rivera. 

Esa resolución fué tomada en el concepto de 
ser sometida oportunamente á la aprobación del 



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— 37 — 

Cuerpo Legislativo. Esto se realizó en Mayo in- 
mediato, siendo aprobada por el Senado. Pasada 
la Minuta de Decreto á la sanción de la Cámara 
de Representantes, su Comisión de Hacienda dic- 
taminó en los términos que van á verse: 

ce Comisión de Hacienda. 

« H. Cámara de Representantes : 

« La Comisión de Hacienda ha tomado en consi- 
deración el decreto sancionado por la H. Cámara 
de Senadores aprobando la resolución del Gobierno 
Provisorio, por la cual se acuerdan 10,000 pesos 
y la pensión que le corresponde á la viuda del 
Brigadier General don Fructuoso Rivera, y seña- 
lándole, además, la asignación de 4,000 pesos anua- 
les durante su vida. 

« La Comisión reconoce que la manifestación de 
la gratitud pública á los grandes servicios presta- 
dos á la patria, es no solamente un acto de justi- 
cia, sino un deber nacional, de que no es permitido 
prescindir. 

« La memoria del Brigadier General don Fruc- 
tuoso Rivera, es la expresión viva de las glorias 
más esclarecidas de la República; su nombre está 
identificado con los hechos más ilustres de nuestra 
historia, y su vida, consagrada toda al servicio de 
la Nación, exige de ésta un testimonio de aprecio 
y veneración á su memoria, digno de aquellos an- 
tecedentes. 



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^ LAXm AMEmCAN COU^ION 



— 38 — 

« Penetrada la Comisión de estos sentimientos y 
atendiendo á la situación en que ha quedado su 
viuda j ha creído que V. H. interpretará fielmente 
la voluntad nacional, prestando su sanción á la Mi- 
nuta de Decreto pasada por la H, Cámara de Se- 
nadores. 

« En consecuenciaj es de dictamen que V. H, lo 
r^uelva así. 

« Dios guarde i V, H, muchos años, 

a Montevideo, Mayo 14 de 1854, 

« Francisco Ordeñana^Francisco Agell — 
Juan Atanasio Labandera — Julio C. 
Ptreira* 

«MINUTA DE DECRETO 

íí Artículo i.^ Se aprueba el decreto que dio el 
Gobierno Provisorio en 24 de Enero de 1854, se- 
ñalando un crédito de 10,000 pesos á la viudedad 
que corresponde á la viuda del señor General Ri- 
vera. 

« Art. 2.° Además, la Nación señala á la señora 
doña Bernardina Fragoso, viuda del inolvidable 
Brigadier General don Fructuoso Rivera, la pen- 
sión anual de 4,000 pesos moneda corriente sobre 
el Tesoro público, durante su vida. 

« Montevideo, Mayo 12 de 1854. 

« Hordeñana — Agell— Labandera — 
Pereira. » 




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— 39 — 

Esta Minuta de Decreto fué sancionada el 22 de 
Mayo y promulgada ley el 23 del mismo. 

Era un acto de justicia á inequívocos y notorios 
merecimientos. 



En vida modesta, pero siempre consagrada á ha- 
cer el bien á sus semejantes, y á emplear el in- 
flujo que su posición social le permitía en favor ó 
servicio de cuantos la ocupaban, se deslizaron sus 
últimos años, retirada en su quinta del Arroyo Seco, 
en el regazo de la familia, mereciendo la conside- 
ración de todos por sus antecedentes y por las be- 
llas cualidades que distinguían su personalidad sim- 
pática, respetuosa y respetable. 

Cayó enferma á últimos del año 63, sin que 
bastasen los cuidados esmerados de los suyos y de 
sus amistades más íntimas, ni los esfuerzos de la 
ciencia para salvar aquella existencia tan querida. 
Todo fué en vano para dominar el mal que la 
consumía. El ángel de bondades plegó sus alas, la 
ley inexorable de la Naturaleza se cumplía, y el 
alma inmortal de la buena y filantrópica señora, 
ascendía al cielo á recibir del Hacedor el galardón 
reservado á los buenos, el 31 de Diciembre del 
año 1863, día de su llorado fallecimiento. 

Murió en su quinta del Arroyo Seco. Conocido 



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THE LATnf ÁmEbE^ COUJECnON 

Of 
— *TTTfTirín ?^ TEXAS laBEARY 



— 40 — 

el sensible suceso de su muerte, por un rasgo de 
nobleza del Gobierno del señor don Bernardo P. 
Berro, tan honroso para el que lo ejercía, como 
para la que era objeto de él, se dispuso la trasla- 
ción del féretro de la extinta á la ciudad, de un 
modo digno, costeando el Teroso público los gas- 
tos del entierro. Se condujo el féretro á la casa 
del Coronel don José Augusto Pozólo, antiguo y 
constante amigo de la finada, donde fué velado el i.** 
de Enero, y desde allí conducido, el 2, al, Cementerio 
Central, con numeroso y selecto cortejo fúnebre. 

En él descansan, treinta y dos años ha, los res- 
tos mortales de la que fué Bernardina Fragoso de 
Rivera, iniciadora, fundadora y Presidenta de la 
primera « Asociación Filantrópica de Damas Orienta- 
les» que tuvo Montevideo. Su memoria respetada, 
vive á través de los tiempos, recordando su nombre 
la Sala que lo lleva inscripto en su portada en el 
Asilo de Huérfanos y Expósitos^ por disposición de 
la Comisión de Caridad y Beneficencia Pública, que 
tuvo la excelente idea de consagrar en la nomen- 
clatura de las distintas Salas de aquel pío y mag- 
nífico establecimiento, nombres venerandos de obre- 
ros y obreras de la Caridad, empezando por los 
del Padre de los pobres y del ilustre Larrahaga, fun- 
dador de la Inclusa, y siguiendo con otros tan me- 
ritorios como el de Bernardina Fragoso de Rivera. 
¡Merecido tributo del reconocimiento público á la 
memoria de los bienhechores de la humanidad de 
iino y otro sexo! 



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Rememorando hoy, respetuoso y emocionado, el 
aniversario de la muerte de esta ilustre dama, sirvan 
estos pálidos renglones de Siempreviva en la losa que 
cubre su sepulcro, como un recuerdo, humilde sí, 
pero lleno del sincero aprecio y grande respeto que 
nos mereció en vida. 



Sus restos mortales reposan en el nicho aúmero 
432 del primer cuerpo del Cementerio Central, pro- 
piedad de don José Mendoza, su deudo; y el ataúd 
que los conserva, tiene la chapa número 1877, se- 
gún consta en los libros del Cementerio, cuyo dato 
debimos á la bondad de su Inspector, el señor Eloy 
García, á quien tributamos en esta ocasión nuestros 
agradecimientos. 

^^pnte video, Diciembre 31 de 1895. 

Isidoro De -María. 



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